Celebrando 100 años de la Vírgen de Fátima

Hoy hace 13 años exactamente, vivía yo mis primeros días en Portugal. Por TV seguí la peregrinación que sucedía a poco más de 100 kms de donde yo estaba: Fátima.
Eran días emocionalmente demasiado difíciles para mí, (de los más difíciles de mi vida). Así que pensando en esa cercanía geográfica, que solo hasta ese día dimensioné, y aferrándome a toda mi formación tan fuerte católica decidí apostarle a esa luz de esperanza. Le pedí a Ella con todas mis fuerzas que me ayudara a salir de esa situación y comencé a rezar el rosario.
Poco tiempo después tuve la fortuna de conocer su santuario, y los lugares donde, dicen, apareció. Y no solo una, sino varias veces. Es un lugar que recuerdo con especial cariño. Un lugar donde definitivamente quisiera volver.
Hoy 13 años después, mi percepción espiritual es claro distinta, pero no por eso dejo de reconocer el poder tan fuerte que tiene el rosario en momentos de adversidad (en los momentos más difíciles de mi vida me he vuelto a aferrar a él). Y en especial es imposible, no reconocer, lo importante que la Vírgen de Fátima fue en ese entonces en mi vida y como mi ruego fue lo único que en ese momento me dio la fuerza para continuar.
Hoy que se cumplen los 100 años de su aparición creo que es el momento más adecuado para decirle en público: ¡Gracias!. Aunque ya muchas veces te lo dije en silencio allá mismo en Fátima y que tú sabes de mi inmensa gratitud hacia ti.
Esto, para mí, no se trata de catolicismo. Se trata de fe. Y en ese momento esa fe me ayudó y eso, considero, es lo que importa, agradezco y sobretodo es real.

Sueños

El fin de semana antepasado, en una charla con unos amigos, terminé hablando de Daryl Hannah, contando además algo que jamás había confesado: hace mucho tiempo, cuando yo tendría por ahí unos 9 años, vi la que tal vez fue mi primera película de ella. Una que ni siquiera es famosa y que seguro mucho de uds ni siquiera la conocerán. Se llama Summer lovers. Era demasiado pequeña yo para entender su trama, pero en cambio sí marcó mi vida para siempre, porque desde ahí tuve un sueño gigante: conocer Grecia, bueno más que Grecia, conocer todas esas islitas pequeñas que la componen y más específicamente Santorini, que desde ese momento tanto me atrajo. Ese deseo quedó ahí, en la lista de deseos que uno durante su vida va escribiendo, con la firme determinación y casi sabiduría que algún día cumplirá. Hablando sobre esa película con mis amigos comprendí que nunca jamás desde esos 9 años había vuelto a ver o escuchar de la película, así que este fin de semana que pasó, la busqué y la volví a ver. La película es mala, muy mala, pero me evocó tantas cosas y tantos sentimientos, que me conmovió mucho. Me conmovió porque hace 3 años cumplí ese deseo, con todo lo especial que eso trae: la satisfacción tan inmensa que supone poner un chulito a uno de esos deseos que están en esa lista, sin decir que Santorini no solo cumplió sino que superó todo expectativa. Me conmovió porque me hizo caer en cuenta que al final, uno si va por la vida cumpliendo esos deseos que lleva dentro de su corazón, porque al final y aunque tan solo estén en el inconsciente hacen parte de uno y del camino que, aunque no parezca, uno va haciendo en el día a día. Pero sobretodo me conmovió, porque dentro de esa lista de deseos está aún tal vez el más grande y el que en especial en los últimos meses había pensado que ya no cumpliría con todo el gran desanimo que eso supone.  Ahora tomo ánimos de nuevo y digo ¿bueno, y por qué no?. Acá los dejo con el póster de la película y con el día en que años después se cumplió el deseo.

Mi propósito...



A veces me pregunto sobre mi verdadero propósito en la vida…. Si el propósito en la vida se trata de hacer lo que a uno le gusta y más disfruta, definitivamente el propósito de mi vida sería viajar… compartir todo el tiempo con personas, vivir diferentes experiencias cada día, experiencias de contacto con personas.  Mi segunda experiencia profesional, hace muuuchos años fue una experiencia difícil para mí.  Ha sido la única experiencia profesional traumática.  En ese momento, apenas contando con un año de trabajo llegué a pensar que no iba a ser una buena profesional, que yo estaba hecha era para hacer vida social.  Hoy muchos años después, claro tengo una diferente percepción de mí.  Pero aún sigo en búsqueda de mi propósito y aún no sé bien qué es.  ¿Dedicarme a lo que me llena y más me hace feliz?   Quiero viajar, me llena un momento con un amigo, me gusta una charla profunda y trascendental, escuchar cuándo alguien lo necesita, hacer diferente un momento para alguien, poner la nota distinta, tener tranquilidad y pensar que sí se puede hacer algo mejor del mundo.  Seguiré en mi búsqueda, cuándo lo sepa, les contaré.